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2013-2018:


Siendo una serie aún abierta, basada totalmente en la intuición y en un pensamiento puramente pictórico, como veremos, es una suerte de continuación de las dos grandes vías de investigación pictórica de los últimos años en el trabajo del artista, Crippled Symmetries, y las series florales (Diabelli fleurs, Wintergarten, Syncope’, etc), opuestas en muchos sentidos. 2013-2018 se convierte, así, en una especie de evolución o desarrollo, así como fusión entre las dos mencionadas : por un lado, el color, la geometría y arquitectura de las Crippled Symmetries; por otro, lo orgánico y gestual de las fleurs”. Las estructuras trabajadas en Crippled Symmetries son ahora transformadas e incluso fracturadas, convirtiendo las verticales y horizontales en formas oblicuas, curvas y orgánicas, tal y como sucedía en las series “florales”, generando con ello ritmos más abiertos y espacios distintos, más cercanos, quizá, a la idea del Jardín.

En algunas ocasiones encontramos una gestualidad que acerca la obra al terreno de lo figurativo y a la construcción de un espacio simulado, mientras que, en otras, los elementos mencionados se desarrollan hacia un espacio más leve e indefinido -que se acentuará en la serie CASI (2017)-, en el cual la estructura se comienza a desvanecer y a revelarse de forma más ambigua, mientras que el gesto se hace más puro y definido, generando una celosía, una trama que queda suspendida en el plano del cuadro.

Este grupo de obras conforma un nuevo espacio de trabajo, más profundo e interior, más primario y esencial, en el que la pintura se hace ya totalmente autorreferencial y autónoma (por ello sus títulos no son más que una nomenclatura basada en aspectos cronológicos).  Elabora imágenes rotundas y potentes, que tratan de presentarse al espectador de la forma más directa y contundente posible; presencias en las que el anhelo de inmediatez visual juega un papel determinante. Es además, como veíamos, una vuelta a aspectos ya tratados por el autor, produciendo así una especie de recorrido en espiral, con pasos hacia delante y hacia atrás, como sucede en la propia realización de las obras.

Gran parte del trabajo pictórico se realiza en horizontal, de manera que el autor se mueve en círculo alrededor de la obra, casi como si fuese una especie de danza. Así, el movimiento y el gesto se convierten, de manera definitiva, en dos de las herramientas fundamentales del artista: junto con el ojo, van a indicarnos que la pintura se basa, sobre todo, en la relación -a la vez primitiva y sofisticada- del cuerpo con la materia.